Nerea
Parece ser que más allá de tejidos
musculares, óseos, proteínas y de más substancias de las que
biológicamente estamos compuestos, hay otro componente que aunque unos
consideran puramente abstracto, e ''imparcial'' al ser humano, porque en
lo físico así es, tiene para un individuo, un peso igual o superior a
cualquier otro integrante de nuestro organismo.
Susodicho ingrediente es sutil, vigoroso,
tenaz. Adjetivos capaces de inquietar al ser humano por resultar firmes e
inamovibles. Pero además, no sólo nos inquieta la descripción que uno
pueda adjudicarle a esta nomenclatura, sino que nos asusta la certeza de
saber que somos movidos por ella. Que somos súbditos del tiempo.
Podría resultar en muchos aspectos un
símil de lo divino. Podría ser, de alguna manera, el ''dios'' de lo
práctico, el abuelo de la ciencia, y siguiendo el tópico, la suegra de
la impaciencia.
Después encontramos a los metódicos,
aquellos que llevan esquemas por sombrero. Y mi pregunta es ¿Qué es el
tiempo para ellos? Un elemento sustancial, supongo. El sostén de sus
vidas. Pero... ¿Están tan acostumbrados a él que son incapaces de sentir
su peso? Quizá lo han asociado a su persona, o por otro lado, el miedo a
que provoque una alteración en sus bocetos los tortura insaciablemente.
Si por un momento dejamos de lado el
''T-I-E-M-P-O'' y analizamos única y exclusivamente todo aquello que nos
provoca, el resultado podría ser catastrófico, y en otros, una
contundente salvación.
Nos priva de disfrutar de lo idílico,
amontona pesadumbre en nuestro bolsillo, y por si fuera poco, en
nuestros escritorios y también nos hace presuponer... ¿Por qué... no hay
tiempo de comprobación?
Es un dogma. Uno que es común para todos, y que a diferencia de otros, no puede saltarse.
Y sí es así, porque no podemos romper el
tiempo, al menos de forma física, lo cual quizá resultara ser un poco
alarmante, ¿Por qué no familiarizarnos con él? Porque a nadie le gusta
que le digan lo que tiene que hacer, y cuando lo hacen, pueden encontrar
una solución más o menos objetiva. Pero el problema reside en que el tempus es
dominante y rebelde. No tiene nada que perder. Nosotros sí, si lo
perdemos a él, lo perdemos todo. Aquí un claro ejemplo de una relación
de amor-odio.
Y si... ¿Dejáramos de matar el tiempo?
Todo depende de que ojos le pongas a lo que hagas. La consideración y el
valor de las cosas está en uno mismo.


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